viernes, 8 de mayo de 2009

UNA MAÑANA EN FENAVIN


Así está el sector del vino en media España.


Lo primero que se advierte al llegar a Fenavin es que esta Feria Nacional del Vino es grande. Los aparcamientos están llenos. Los autobuses especiales de la feria llegan y se van regularmente. La gente se apelotona en los mostradores de acreditación de la entrada. Los stands, más de 1.200, 400 más que en la pasada edición, se suceden unos a otros, casi las mismas caras, casi las mismas presentaciones, casi las mismas botellas, casi las mismas etiquetas. Una vez dentro no se ve tanta gente como podía esperarse en la calle, pero el caos y el desorden imperan. la Galería o túnel del vino es una gran idea, pero los vinos no destacan, no están a la temperatura adecuada de cata, la gente se agolpa, la mayoría no cata, degusta. Es agobiante.


Los distintos pabellones han sido bautizados con nombres clásicos: Virgilio, Noé, Ganímedes…, sin embargo los expositores parecen haber sido distribuidos de forma aleatoria. Es prácticamente imposible intentar un recorrido preestablecido, hay que confiar en el azar y ver lo que éste nos vaya deparando.


Me saluda un viticultor de Daimiel que busca el stand de Viña Cuerva, te lo dejaste a la entrada, le digo, hablamos de la situación lamentable de la viticultura manchega, ¿Qué hay que hacer ?, me pregunta, le digo que creo, sinceramente, que esto no tiene solución, “pero algo habrá que hacer”, insiste, “a ver qué dicen los de Asaja, que tienen ahora una mesa redonda sobre la OCM del Vino”.


Las Organizaciones Agrarias, que no supieron defender los intereses de los viticultores españoles cuando se acometió la reforma de la OCM, ahora dicen que ellos no tienen la culpa, que esto podría haber sido aún peor, que si los políticos, que si hay que pedir una destilación, de crisis o de alcohol de uso de boca, en fín, lo de siempre : parchear e intentar arreglar el desastre ya que no supieron prever las consecuencias de lo que se venía encima.


“Pero alguna solución habrá que encontrar a esto”, dice un joven que le acompaña, de unos 30 años, su hijo, que dejó la carrera de quimicas en 2º para irse al campo con su padre.


No te canses, le digo, la viticultura manchega no tiene solución, los 23 o 25 millones de hectólitros que producimos somos incapaces de venderlos embotellados, que es donde hay valor añadido, con los graneles ni siquiera cubrimos los costes de producción, y ahora, sin las ayudas al almacenamiento, sin la destilación y los demás mecanismos de mercado estamos perdidos.


Y la ministra en Babia: antes de ayer, al inaugurar esta feria dijo que España por primera vez ha vendido mas volumen de vino que Francia, claro que no dijo a que precio.


¿Una solución?, tú todavía estás a tiempo, le digo al joven, vuelve a químicas, deja el campo, tu padre y yo sabemos que las ilusiones se desinflan y las pérdidas cada año son mayores.


Veo que no le convenzo, ¡otro idealista!


Bueno, me despido, si encontrais una solución me llamais.


El agricultor, por naturaleza, se niega a asumir la derrota. Cada año siembra nuevas esperanzas y cada año encuentra nuevas justificaciones para seguir en la brecha. Sólo las mujeres de los agricultores, con más sentido común, son las que ya están echando el freno: si el campo no dá no le vamos a seguir echando dinero. El dinero se recortará, pero el trabajo…, mientras el agricultor pueda seguir trabajando va a seguir yendo al corte, a podar, a ensarmentar, a estallicar, a dar una vuelta con el tractor, a quitar yerba o a dar un riego por lo menos…, y la vendimia…, ¿acaso se ha dejado alguna vez una viña sin vendimiar?, ¿Y este año?, ¿Qué va a pasar este año?, pregunto, estamos a tres meses y medio de la vendimia y el 70% del vino sin vender…


Sé que se van agobiados, quizá esperaban de mí un discurso más positivo, del estilo de lo que decíamos cuando empezamos con la reestructuración hace diez años…


Me cruzo con tres funcionarios de la Consejería de Agricultura, los tres han estado en la reestructuración. ¿Qué cómo veo esto? Yo ver, lo que se dice ver, veo bien, cristalino, pero lo que veo es un desastre: Nos pusimos la camiseta y el pantaloncito de la reestructuración, nos calzamos las botas de las espalderas (algunos con eso y la venta de planta se pusieron las botas), nos colocamos los guantes de la comercialización, creamos la Fundación Tierra de Viñedos y nos echamos al ring, sin parar de mover las piernas, bailando como Casius Clay, dando derechazos e izquierdazos al aire, poniendo cara de duros, nos íbamos a comer el mundo, y, cuando sonó la campana del primer round el primer golpe del contrincante nos dejó desparramados en la lona. Knock Out. K.O.

Ahora el árbitro va cantando el nueve y nosotros seguimos tocando la lona con la espalda, incapaces de levantarnos, totalmente perdidos. Y por los altavoces suena la música y al fondo se oyen las voces de la gente que llena el pabellón. La feria, la feria del vino.



“A esta feria”, me dice un profesional, enólogo y comercial, de los buenos, “le pasa lo mismo que a España: mucho ruido y pocas nueces, todo se va en publicidad y propaganda, en imagen, luego, si rascas un poco, debajo no hay nada”.


Martín Berasategui en el Stand de Yugo, Cooperativa Cristo de la Vega, Socuéllamos.

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