martes, 31 de marzo de 2009
Lo titula "Despropósito hidráulico" y si pinchas aquí lo puedes leer.
LA CAJA DE LA BASURA IDEOLÓGICA
Del blog de Juan Pedro Quiñonero, Una temporada en el infierno.
LA HORA DE LAS RESPONSABILIDADES:

"Hernández Moltó no es el último responsable. Los créditos de especial cuantía y riesgo como los que han llevado al fracaso de CCM, necesitan, por imperativo legal, el visado del Gobierno de Barreda. Así pues, nada de lo que ha estado y está pasando en Castilla-La Mancha es ajeno al control directo que la Ley de Cajas modificada por Bono concedió a la Junta de Comunidades y, por esa misma razón, nada de esto es ajeno a la responsabilidad de Barreda y del propio José Bono."

Del blog "Notitia Criminis".
domingo 29 de marzo de 2009
CAJA CASTILLA-LA MANCHA INTERVENIDA POR EL BANCO DE ESPAÑA
"Mireme a los ojos..., ningún responsable va a quedar impune".
Mariano Rubio acabó en la cárcel por su mala gestión al frente del Banco de España.
Donde las dan las toman.
¿Como será el agujero para que la intervención del Banco de España se haga con esta urgencia y en domingo!
Uno de los miembros del Consejo de Administración de la CCM es José Maria Fresneda, Secretario General de Asaja CLM, que, hoy mismo decía en La Tribuna de Ciudad Real: "Tengo puesta la mano en el fuego por CCM, pero no hay fuego, sino trabajo", y mas adelante: "Tranquilidad y confianza...", y además "No hay ningún desastre en CCM":
Son de esas frases que reclaman mármol.

Moltó convence a GERMÁN CHAMÓN, ex-secretario general del PP en Cuenca y amigo de Fresneda, para que no secunde la dimisión de la CCM como los otros representantes del PP.
5 millones de euros en créditos...
La intervención de Caja Castilla-La Mancha supone que el Banco de España pasa a gestionar a través de la comisión que designe de inmediato, todos los activos de la entidad. Fuentes del Banco Central aseguran que están garantizados los ahorros de los clientes. El Banco de España está arbitrando ya con el gobierno medidas urgentes que garanticen la liquidez de la Caja y el normal funcionamiento de la entidad
El Banco de España se encargará también de evaluar más detenidamente los pasivos y deudas en que ha concurrido la Caja, de los que, según El Mundo, considera que 3.000 millones de euros son irrecuperables.
El Banco de España no había intervenido e entidades bancarias desde 1993, cuando tomó el control de Banesto. Esta decisión se ha tomado después de haber intentado el rescate de Caja Castilla la Mancha mediante otras fórmulas. Pero Caja Madrid rechazó tomar el control de la entidad y otras reuniones también han sido descartadas. La última posibilidad fue una fusión con la Caja Andaluza Unicaja y que también se ha venido abajo en las últimas semanas.
CCM ha sido la primera entidad bancaria española intervenida en esta crisis, pero muchos se preguntan si será también la última.
La fusión con Unicaja ha fracasado, aunque hace unos días todo el mundo la daba por hecha. Chaves empezó, dias pasados a poner peros, y, finalmente parece que algo olía a podrido dentro de la Caja.Dice Alberto Noguera: "Vamos a ver cuánto tardan en pedir dinero del Fondo de Garantía de Depósitos. Y vamos a ver si acaban liquidando la entidad del todo. Cuando los de Unicaja han salido cagando leches es porque el agujero es de tamaño bíblico. Los del Banco de España aún no han abierto ni un cajón, que la decisión la han tomado esta mañana".
"¿Cuál es el tamaño del agujero?", se pregunta Noguera, " Por ahí lo cifran en 900 millones. ERROR: el tamaño del agujero de la CCM y de todo el sector financiero español no lo sabe ni el BdE porque crece cada día. La morosidad aún tiene un largo recorrido hacia arriba, de hecho estos pufos actuales vienen de las quiebras de promotoras de hace un año. Los impagos domésticos todavía no han empezado en serio. Y que nadie venga ahora a llorar aquí diciendo que le han trincado sus ahorros en esa caja. Ya os dije que había que mover el culo y sacar la pasta. Mañana puede haber largas colas. El pánico bancario va a llegar antes o después".
La intervención de Caja Castilla-La Mancha constata el fracaso de la supervisión pública en España. (Instituto Juan de Mariana):
- La intervención pública de Caja Castilla-La Mancha no se debe a un problema de liquidez, tal y como afirma Solbes, sino de insolvencia financiera.
- La supervisión del Banco de España está lejos de ser ejemplar y su intento de implantación a nivel internacional será un fracaso.
- La clave del problema radica en que los bancos se endeudaron a corto plazo para prestar grandes cantidades de dinero a largo plazo, con la garantía de que el banco central refinanciaría a vencimiento y de manera permanente su deuda a corto.
- La futura reforma financiera debe impedir este esquema de funcionamiento, evitando que los bancos centrales puedan expandir el crédito de manera discrecional y que los bancos se endeuden a corto e inviertan a largo.
jueves, 26 de marzo de 2009
LOS CATARROS SE CURAN EN SIETE DIAS CON PASTILLAS, Y SIN PASTILLAS EN UNA SEMANA
lunes, 16 de marzo de 2009
EL AGUJERO DE CAJA CASTILLA-LA MANCHA
De la Caja y de la Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha, con su presidente, José Maria Barreda, a la cabeza.
viernes, 13 de marzo de 2009
LAS MENTIRAS DEL CALENTAMIENTO GLOBAL Y EL CAMBIO CLIMÁTICO

jueves, 12 de marzo de 2009
EL DESCUBRIMIENTO DEL ESTADO
Es interesante que ahora las Comunidades Autónomas comienzan a descubrir las ventajas del Estado.
Conviene leer el artículo de FRANCISCO SOSA WAGNER, candidato de UPyD a las próximas elecciones europeas.
miércoles, 11 de febrero de 2009
martes, 10 de febrero de 2009
MAS SOBRE LA CRISIS
Alberto Noguera dice:
"El 100% de la culpa de esta situación es de los políticos. Ellos ponen las reglas del juego, y ellos son los encargados de corregir desequilibrios y de controlar los desmanes. La gente ha actuado con codicia, pero de eso se trataba: el sistema capitalista entiende la codicia y el egoísmo como algo bueno que hace a la gente trabajar, arriesgar e inventar más. ¿No quedamos en que eso fue lo que hizo fracasar a la Unión Soviética, que no premió lo suficiente la codicia y el individualismo?
Que no vengan ahora idiotas como Obama a decir que "aquí hubo unos especuladores muy codiciosos, unos banqueros sin escrúpulos". La codicia es la razón de ser de esos especuladores.
Para mí la culpa empieza en el mismo sistema capitalista, en el famoso multiplicador bancario, que hace inevitable la inflación de la masa monetaria y la creación de burbujas de crédito. Luego, es culpable cada presidente norteamericano que, ante los avisos que la economía daba, se dedicaba a huir hacia adelante. Desde Roosevelt, creo que todos son culpables. Para la Historia queda ese personajillo llamado Alan Greenspan, que distribuía la droga ya por sacos.
En España, todo es más reciente. Con Felipe, junto a los porros y los tripis de la Movida circulaba ya el crédito. En el 93-94 hubo un serio aviso de agotamiento del "subidón". La solución fue una bestial huida hacia adelante ingeniada por Aznar y Rodrigo Rato. Sus desgravaciones a la compra de vivienda quedarán también para la Historia. Durante ocho años estuvieron vendiendo la moto del "España va bien" cuando en realidad era el crédito interbancario lo único que iba bien, la economía real se ahogaba poco a poco sin que a nadie le importase. En el año 2003 era muy evidente que existía un burbujón inmobiliario que nos abocaba a una fuerte crisis. Ahí fue la primera vez que yo hablé del tema en internet. Entonces, si un licenciado en Filología Hispánica de 26 años que se lee cuatro periódicos salmón lo sabe, el Banco de España y el Ministerio de Economía lo deberían de saber también, ¿no? Lo sabían, lo ocultaban, manipulaban a los medios para que lo taparan y vivían solamente regateando en el muy corto plazo. Y esto lo hacían no ya para ganar elecciones sino para ir forrándose de la manera más indecente en ayuntamientos, autonomías y empresas grandes y pequeñas con chanchulleos de todo tipo.
Pensaban, con acierto, que su vida política sería más breve que la burbuja y que cuando llegara la gran crisis el marrón estaría en manos de otro. Aznar estableció voluntariamente el límite de su mandato en ocho años. Creíamos que lo hacía para parecerse a la sana y transparente democracia norteamericana. La burbuja inmobiliaria que habían creado era canónica, ortodoxa, de libro. Todos los patrones se cumplían y no había ningún factor atenuante. La burbuja tecnológica se basó en algo nuevo que no sabíamos cómo iba a evolucionar. La burbuja inmobiliaria japonesa se basó en una superpoblación y en una supuesta escasez de suelo. La burbuja española se ha basado únicamente en la ignorancia de la población.
A partir de ahí, Aznar y Rato deciden quitarse de la escena y dejar a ese indigente intelectual llamado Mariano Rajoy. Gana Zapatero porque hay un atentado terrorista. Si su discurso se basaba en "no queremos la España del cemento y el ladrillo" o incluso en "hay una burbuja que va a estallar", al pisar la Moncloa tiene un ataque de amnesia y decide seguir disfrutando de las mieles del crédito. Creo que no ha existido en la historia de la civilización occidental un dirigente tan limitado intelectualmente, tan cobarde y tan mentiroso como Zapatero. Para agravar más la situación, la Economía era el campo que menos le interesaba.
Durante cuatro años, Zapatero no tocó absolutamente nada de la patológica y envenenada herencia de Aznar. El grifo de la droga siguió abierto sin ningún control, sin que el Banco de España tomara una sola medida. Durante 2007 las señales de "cansancio" del sector de la construcción son muy evidentes. La consigna para los medios públicos o dependientes del PSOE es mentir, ocultar y manipular. En ese tiempo yo ya tenía este blog y se pueden consultar los archivos fácilmente. En el ala pepera la consigna es la misma, porque no les interesa destapar el fraude del "España va bien" y sobre todo porque se siguen forrando en varias autonomías y en miles de ayuntamientos. En todos los medios, por pequeños e independientes que puedan ser, hay un interés en que no decaiga la fiesta: sus mejores y más generosos anunciantes son inmobiliarias, constructoras y bancos. La droga tiene que seguir corriendo, y quien no vea sus beneficios es un perdedor, un casposo y un funcionario.
A finales de 2007 se cortó el crédito por imposibilidad física y matemática de seguir vendiendo pisos. Había empezado una crisis de morosidad en las constructoras que anticipaba ya el desastre. De ahí hasta marzo de 2008 el Gobierno de ZP hizo mil y un malabarismos para ocultar la situación. No sólo mintió y mintió hasta el absurdo sino que quemó ingentes cantidades de dinero para alargar unos meses la actividad en empresas que eran ya totalmente insolventes y cuyos productos eran inmuebles que nadie nunca iba a comprar.
Ganadas ya las elecciones y con el síndrome de abstinencia machacando a todo el país, Zapatero ha agotado todos los recursos públicos en la esperanza de que vuelva a correr el crédito y sea la misma droga la que acabe con la resaca para siempre. Exige y demanda más crédito a los bancos. Argumenta ahora que los bancos son culpables, pero no por haber dado crédito sin control sino por no dar más crédito en estos momentos de crisis. Hasta la quiebra del mismo Estado, seguirán demandando más y más crédito como verdaderos adictos, a pesar de que ya el régimen actual está en coma irreversible."
jueves, 29 de enero de 2009
HA FALLADO EL MODELO Y ESTAMOS EN MANOS DE INCAPACES
lunes, 26 de enero de 2009
LA SOLUCIÓN A LA CRISIS NO ES RESCATAR BANCOS, SINO A LA GENTE

El premio Nobel de la Paz 2006, Mohamed Yunus, creador de los microcréditos sin avales para combatir la pobreza, dice que la crisis económica que padece el mundo no se soluciona solo rescatando a bancos y grandes empresas sino ayudando a las "verdaderas víctimas, a la gente".
La visión del "gurú" de la economía social, conocido como "el banquero de los pobres" , es que la situación económica actual es el fruto de un "terremoto" financiero que ha traspasado todas las fronteras y que se ha cebado con los más débiles, que serán "los que perderán su trabajo y su comida".
"Esta gente nunca ha contribuido a la crisis: la pobreza no la crean los pobres; por eso no es justo que a ellos no se les proteja y, en cambio, los que sí crearon esta crisis reciban un beneficio", ha subrayado Yunus.
Yunus ha apostado por el cambio de sistema, aportando al capitalismo actual "la parte que le falta": el negocio social; ha comentado que la salida a la crisis no vendrá sola sino que los países pobres como India o China tendrán mucho que decir a Occidente y se ha mostrado confiado en que el nuevo presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha venido para liderar esta transición.
A juicio de este economista, el sistema actual y sus instituciones -como el Banco Mundial, del que es consejero- están viciadas por el "egoísmo", por la búsqueda del máximo beneficio a toda costa que "los ha llevado al colapso".
Mohamed Yunus, en la misma línea que lo hizo Obama en su discurso de investidura, advierte de que el mundo ha cambiado y que el sistema económico debe hacerlo también: rediseñar el mercado, "sabiendo encontrar las soluciones a todos los problemas que hasta ahora ha creado el sistema", y rediseñar su estructura y los bancos.
En este sentido, el "banquero de los pobres" recuerda que, precisamente, los bancos que "han caído" en esta crisis han sido "los que solo dan préstamos con garantía". Mientras, su Banco Grameen -que concede créditos a la gente sin avales- ha recuperado el 97 por ciento de sus préstamos.
"¿Quién es más solvente?", inquiere Yunus, una pregunta que, ha asegurado, ha de coronar el proceso de cambio hacia una nueva realidad económica mundial.
Abrir la puerta hacia las empresas sociales, hacia una Bolsa de inversión social es la recomendación que este experto en economía ofrece a los políticos, empresarios y banqueros ante la actual crisis que no es más que la oportunidad de "ir hacia adelante".
Pero en ese camino, advierte Yunus, Occidente ya no estará solo sino que países como China, India, Indonesia o Bangladesh (que representan la mitad de la población mundial) tendrán una participación "muy importante".
miércoles, 21 de enero de 2009
LA CRISIS ACABARÁ PONIENDO LAS COSAS EN SU SITIO
Estabamos viviendo en una gran mentira, por encima de nuestras posibilidades, instalados en la avaricia y la codicia.
Ahora hay que tomar tierra. Volver a lo esencial.
Recuperar la austeridad como modo de vida.
Reconocer el valor de las cosas, apreciar el esfuerzo necesario para obtenerlas y tener la disponibilidad de ánimo de conservarlas.
Adecuar las necesidades de cada uno a los parámetros de la normalidad.
Vivir según las propias posibilidades.
Poner cada cosa en su sitio.
EL GOBIERNO NO DESCARTA RECARGAS EXTERNAS
El secretario de Estado de Medio Rural y Agua ha destacado que "la única prioridad" del Gobierno es resolver de forma definitiva el problema del agua y que la solución pasa también "por las aportaciones externas".
sábado, 27 de diciembre de 2008
sábado, 29 de noviembre de 2008
SIN UNA GUERRA MUNDIAL EL PARO NO CEDERÁ

La peor cara de la crisis es el paro masivo. Y ha llegado para quedarse pese a los planes de inversión pública. "Suponga que usted debe emplear un trabajador, y que sólo un hombre desea el empleo. Debe pagarle lo que pida. Pero suponga que hay cien hombres, y esos cien quieren ese empleo. Suponga que tienen hijos y que esos hijos tienen hambre. Suponga que una moneda de diez céntimos compra al menos una papilla para esos hijos. Ofrézcales solamente diez céntimos y se matarán unos a otros por conseguir el puesto". La cita es de Las uvas de la ira, el libro de John Steinbeck que describe las penurias de los Joad, una familia de granjeros a los que la Gran Depresión los dejó sin tierra, sin casa y en busca de trabajo. Lo más revelador de la cita es que se escribió en 1939, 10 años después del crash, cuando la tasa de desempleo era aún del 15%. No fueron las obras públicas impulsadas por el new deal del presidente Roosevelt las que hicieron desaparecer el desempleo, sino la II Guerra Mundial, que movilizó a 12 millones de jóvenes. Los Gobiernos apuntan ahora a la misma solución mágica con renovados new deal: inversión y ayudas públicas para paliar la ralentización en la actividad privada. Pero sin una guerra mundial en ciernes, el paro no cederá. Los puestos que se destruyen ahora a toda velocidad pueden tardar mucho en recuperarse, incluso una década.
Del artículo "Cuando las cosas van de verdad mal", de Ramón Muñoz, El País, 23-11-08.
martes, 18 de noviembre de 2008
LA VIDA FELIZ

Las cosas que hacen más feliz la vida, gratísimo Marcial, son éstas: una hacienda no conseguida con esfuerzo, sino heredada; un campo no desagradecido, un fuego permanentemente encendido; un pleito nunca, la toga en pocas ocasiones, el espíritu tranquilo; unas fuerzas de hombre libre, un cuerpo sano; una sencillez prudente, amigos de igual condición; convites fáciles, una mesa sin aparato; una noche no ebria, sino libre de cuidados; un lecho no triste y sin embargo casto; un sueño que haga breves las tinieblas; querer ser lo que eres y no preferir otra cosa; no temer el último día, ni desearlo.
Marco Valerio Marcial (Epigrama X 47).
miércoles, 22 de octubre de 2008
PERO ¿POR QUÉ BUSCAR TERCERAS VÍAS CUANDO AÚN NO SE HA DESARROLLADO UNA DE LAS PRIMERAS?
El capitalismo neoliberal acaba de demostrar que no funciona.
La socialdemocracia es un híbrido que avanza dos pasos adelante para retroceder tres.
Pero el LIBERALISMO auténtico nunca ha llegado a implantarse ni a desarrollarse.
Ahora, tras el reconocimiento de la crisis, Zapatero dice que como "Ha fracasado el llamado modelo neoliberal, la respuesta va a ser socialdemócrata".
Pero socialdemocracia significa más control, más impuestos y menos libertades.
La socialdemocracia no entiende de libertades que no puedan ser controladas por el gobierno. Pero la falta de libertad no puede implicar un mayor recorte de libertades. No hace falta mas socialismo, ni mas socialdemocracia, ni mas "neoliberalismo", sino mas LIBERALISMO auténtico.
Libertad y libre mercado, es decir, seres humanos libres para comerciar y crear riqueza.
¿QUÉ ES EL LIBERALISMO? (extractos de textos de Juan Pina)
El liberalismo no es una ideología. Las ideologías son sistemas cerrados. El liberalismo es una corriente de pensamiento político y económico, cuyos fundamentos filosóficos más lejanos pueden hallarse en el racionalismo de Aristóteles, y cuyo desarrollo práctico se dio en Europa a partir del siglo XVII, en el clima propicio posterior a la Reforma y en plena emersión de los valores derivados del capitalismo incipiente, alcanzando su periodo clásico en los siglos XVIII y XIX.
Liberal es aquél que considera la libertad individual de las personas como el valor supremo, incluso por encima de otros tan importantes como el orden o la equidad.
El liberalismo es indivisible. O se es liberal en todo o, en realidad, se es otra cosa. Para el liberal la prioridad esencial es la libertad tanto política como económica de los individuos, a (casi) cualquier precio, porque sin ella no somos nada, casi ni siquiera humanos. Y ese liberalismo implica necesariamente posiciones muy “de derechas” en unos temas, muy “de izquierdas” en otros y completamente diferentes de todo lo demás en algunos aspectos. Su prioridad es la libertad... pero toda la libertad. Y la libertad ni es de izquierdas ni es de derechas.
Hoy día, ¿en qué se diferencia la izquierda de la derecha? ¿No encontramos frecuentemente posturas políticas antagónicas dentro de la izquierda y dentro de la derecha, y multitud de posiciones que son idénticas en ambas? Sería esclarecedor situar las ideas en un plano y no en una escala lineal. El plano tiene un eje horizontal de izquierda a derecha según la escala convencional, pero tiene también un eje vertical en cuyo extremo superior se encuentra el mayor grado de individualismo y de respeto por la acción directa de cada persona, mientras en el extremo inferior se da el mayor intervencionismo colectivista. El resultado es como una revelación: encontramos en la parte baja de este “mapa” ideológico, recorriendo toda su longitud, a las ideologías que más han dañado al ser humano, desde el fascismo y el nazismo hasta el comunismo. Un poco más arriba, pero todavía muy por debajo de la media, se encuentran intervencionistas “duros” como la Falange española o el peronismo (auténtico) argentino. Hacia la zona media de la tabla, todo el recorrido de izquierda a derecha está ocupado por los intervencionistas democráticos (los que justifican su invasión del ámbito personal de decisiones en el mito de la legitimación popular), es decir, ciertos grupos de “nueva izquierda”, los socialdemócratas, algunos ecologistas, los “centristas”, los democristianos y los conservadores. Pero a partir de ahí, si seguimos subiendo en el mapa y aproximándonos por tanto a las cotas de mayor aprecio a la libertad individual de cada ser humano y, por ende, a la menor injerencia del poder en la vida de la gente, sólo encontramos a los diversos tipos de liberales y, más arriba aún, a los libertarios y los llamados “anarcocapitalistas”.
La conclusión principal que uno extrae de esta representación política en el plano es que queda desnuda la escasa relevancia del eje horizontal, y el vertical adquiere de golpe una enorme trascendencia. El eje vertical, es decir, la escala individualismo-colectivismo (que también podría denominarse libertad-represión o persona-masa) es actualmente la escala más correcta para determinar la posición de un proyecto de ley, de un político o de una decisión. Y una de las consecuencias principales de esta nueva forma de expresión espacial de las ideas políticas es que aniquila el ataque frecuente a los liberales respecto a nuestro supuesto “oportunismo” al estar “en la derecha para unas cosas y en la izquierda para otras”: pasa a ser evidente que estamos, para todas las cosas, inequívocamente del lado superior, del lado del individuo y de su libertad personal, y que eso, naturalmente, nos lleva a tomar posiciones en economía que a la “izquierda” le parecen de “derechas” y posiciones en cuanto a los Derechos Humanos y civiles y las libertades públicas que causan el efecto contrario. Otra de estas consecuencias es que también pasa a ser evidente que la extrema derecha y la extrema izquierda son en realidad muy similares, y que los intervencionistas democráticos también son muy parecidos entre sí, llámense socialistas o conservadores, democristianos o socialdemócratas: todos apuestan por un Estado paternalista facultado para meter la mano en los bolsillos de sus “hijos” los ciudadanos y sacar de ahí los fondos que, con su demostrada incapacidad, insiste en seguir “redistribuyendo”. Es un Estado, además, que se cree en la obligación de imponer a la sociedad una determinada moral, ya sea el mito altruísta laico de los socialdemócratas o la moral religiosa de los conservadores. Sólo en la parte superior del “mapa” encontramos un refugio para el ser humano individual, para la persona entendida como fin en sí misma y no como hormiga de un hormiguero que la supera y aliena. Sólo en la profunda asunción de la libertad como norte y guía de la política y de la economía, con todas sus consecuencias, está el camino que nos aleja irreversiblemente del colectivismo “duro” de izquierdas y derechas (Stalin, Hitler, Franco, Castro) y del colectivismo “blando” de izquierdas y derechas (Blair, Aznar, Chirac, Schroeder)... el camino hacia la emancipación de las personas mediante el ejercicio pleno de su soberanía.
El auge del marxismo como interpretación de la realidad debilitó la cosmovisión liberal y hundió electoralmente a los liberales. De hecho hundió incluso la credibilidad de las democracias liberales en los años veinte y treinta, favoreciendo el surgimiento de alternativas autoritarias y totalitarias de todo signo. Las sociedades occidentales desarrolladas, con algunas excepciones, cayeron en un profundo bipartidismo que, al término de la Segunda Guerra Mundial y hasta bien entrados los años ochenta, reflejó en realidad el reparto del mercado de las ideas entre dos grandes corrientes: los herederos del marxismo, reconvertidos en partidos de corte socialdemócrata; y los herederos del pensamiento conservador, tradicionalista y generalmente de raíces confesionales, nucleados en torno a partidos democristianos.
En Occidente los liberales ocupan un espacio político que coincide con la zona de intersección de dos grandes maquinarias comunicacionales, la conservadora y la socialista.
Por ello su voz queda silenciada o muy atenuada, y por ello la gente no les vota. Para votar a un partido más pequeño y débil que dice lo mismo que el grande y poderoso, mejor votan directamente al grande y poderoso.
...ha llegado la hora de ir abandonando el centrismo táctico y recuperar el puro liberalismo filosófico, nos sitúe donde nos sitúe.
Los partidos liberales no se atreven a dar un puñetazo en la mesa que ya va siendo bastante necesario para agitar un poco la anquilosada democracia occidental. Tras reclamar la atención con ese simbólico puñetazo, habría que hablar de lo que nadie habla y poner sobre la mesa ideas y propuestas radicales que nadie más defiende. Así, en Europa los partidos liberales deberían cuestionar abiertamente el Estado del bienestar (que hoy ya se ha convertido en el bienestar del Estado).
Los liberales que se dedican a la política de partidos deberían ser conscientes de que el sistema político en su conjunto está alcanzando importantes niveles de agotamiento que se traducen en el hastío de una buena porción del electorado. Por eso los líderes populistas que aportan mensajes directos y soluciones simplistas van ganando terreno, así como los grupos marginales extremistas en algunos países. Ello implica la necesidad de que los partidos liberales aporten ideas realmente novedosas para ser percibidos, claramente, como una alternativa al conjunto, al sistema, como una fuerza política verdaderamente distinta y opuesta a las demás. Si algunas de esas propuestas coinciden en algo, puntualmente, con la visión de la derecha o de la izquierda, no pasa nada. Muchas otras propuestas serán evidentemente distintas a ambas. Sólo así se podrá capitalizar el descontento y canalizar dentro del sistema democrático voluntades que de otra forma terminarán rechazando la propia democracia.
En casi todos los países, los partidos liberales se han anquilosado, se han esclerotizado, se han acomodado. No representan instintos de cambio profundo (cambios en el sistema) sino burdas posiciones intermedias.
El liberalismo auténtico no es un punto de llegada sino de partida. No es un listado de objetivos elementales sino un proceso interminable, una progresión ilimitada: el avance de la libertad humana. Ese proceso conlleva la adaptación a la realidad política de cada momento. En cada tiempo hay conquistas liberales que hacer, batallas que librar...
A los políticos liberales de hoy les falta, sobre todo, un poco de rebeldía. El liberalismo debe hacerse menos “soft” y más “hard”, un poco menos dialogante y mucho más reivindicativo. Y en muchos casos, debe hacerse rebelde.
Nada más les hace falta un poco más de valentía y un poco menos de sometimiento intelectual a sus adversarios, y ya va siendo hora. Sin ese sometimiento intelectual, sin ese miedo a destacar, sin ese terror a alejarse del consenso generalizado, los partidos liberales verían nítidamente que su mayor opción de éxito es coincidente con su mayor caballo de batalla filosófico: el ataque frontal al hiperestado.
Los conservadores son tan intervencionistas como los socialdemócratas, nada más intervienen de otras formas y en otras áreas.
Desde mediados de los años ochenta, el liberalismo esta inmerso en un profundo debate filosófico y en una importante autocrítica.
Puestos a la tarea de aggiornare, el futuro del liberalismo no está ni a la “derecha” ni a la “izquierda” sino delante, y “delante” significa unas veces a un lado y otras al otro, pero siempre más cerca del individuo, más modernos, menos intervencionistas, más decididos a derrocar el colectivismo, mucho menos conformistas.
Para terminar ... unas pinceladas programáticas, unas propuestas específicas del liberalismo actual, un liberalismo fuertemente libertario, radicalmente anticolectivista, firmemente opuesto a la derecha y a la izquierda tradicionales en unos casos, y superador de ambas en otros.
Para los liberales la soberanía y el autogobierno de la persona prevalecen por encima de cualquier otra consideración, por importante que ésta sea.
Los liberales condenan toda influencia del misticismo sobre la política y sobre la Ley, trasladando a cada ciudadano la plena libertad de decidir sobre todas las cuestiones de tipo moral. Creen en el derecho a la interrupción del embarazo como un elemento esencial de la soberanía personal de la mujer. Creen en el derecho a decidir la propia muerte o planificar las circunstancias de la misma, es decir, el derecho a la eutanasia. Creen que las drogas deben legalizarse, no sólo porque es la mejor manera de evitar su adulteración y hundir a las mafias del narcotráfico, sino porque el ser humano es libre de consumir cualquier producto. Creen que la orientación sexual de las personas es un factor personal irrelevante a la hora de considerarlas, como la raza, la edad, la estatura o el color del pelo, y por ello reivindican todos los derechos para el colectivo de gays y lesbianas, incluyendo el derecho de adopción. Creen en el derecho a la objeción de conciencia respecto a cualquier obligación impuesta por el Estado. Creen que la profesión militar debe ser voluntaria y exigen la abolición del servicio militar en los países donde persiste, por se un secuestro legal intolerable. Creen en la libertad de asentamiento de las personas en cualquier lugar del mundo y consideran obsoleto el concepto de nacionalidad frente al de residencia. Creen en el libre ejercicio de la prostitución, regulada como una profesión más.
Los liberales creen que la soberanía personal se ejerce sobre un ámbito, que es el de la propiedad. El derecho de propiedad es esencial. La persona nace con algunas propiedades: el proceso biológico que llamamos “vida”, el cuerpo y sus órganos y productos, la opción reproductiva, la mente y la capacidad de pensar e idear, la fuerza y la capacidad de transformar la materia. Con el paso del tiempo adquiere otras propiedades, como los conocimientos, la experiencia, la habilidad, la capacidad de trabajar y los objetos, títulos y derechos que obtiene por diferentes medios: a cambio de su trabajo intelectual o físico, por regalo, por azar, por su habilidad en la adquisición y enajenación de otras propiedades u otras formas de interacción con otros individuos, etcétera. La propiedad es indisociable de la condición soberana de la persona: es la faceta tangible del carácter humano y no meramente animal de la persona. Cuando se priva a una persona de su propiedad bienhabida se hace añicos su soberanía y se la reduce a la condición de esclava, porque sin propiedad casi no hay persona. Por lo tanto los liberales condenan la lógica de alta tributación y posterior redistribución, una lógica que infantiliza a las personas y crea un hiperestado orwelliano tan insidioso como incapaz.
Los liberales creen en una tributación muy reducida, limitada constitucionalmente, destinada al mantenimiento de un Estado mínimo que actúe como árbitro y garante, sin intervenir en la economía ni en la cultura ni en la sociedad. Creen justo que esa tributación sea proporcional y no progresiva. Creen que el endeudamiento del Estado también debe limitarse constitucionalmente. Creen que la glorificación del Estado del bienestar ha sido un gran error y que éste debe ser desmantelado paulatinamente y sustituido por instituciones de previsión, sanidad y educación emergidas libremente en la sociedad, ya sean con ánimo de lucro o no. Creen que la universalidad de la sanidad, la educación, la atención jurídica o la previsión de la vejez son conquistas irrenunciables, pero que están mejor gestionadas por entidades privadas que por el Estado. Es particularmente sangrante el expolio al que se somete a los ciudadanos en Europa, España incluida, a través de las cotizaciones a un sistema público de pensiones que sólo genera pobreza en la vejez. Las pensiones de miseria son una consecuencia directa del llamado sistema de “reparto”, el actual, que los liberales queremos sustituir por un sistema de capitalización individual privada, con un fondo de solidaridad que cotice por quienes no puedan hacerlo. Este mismo sistema es extrapolable a la previsión del desempleo, a la educación y a la sanidad.
Los liberales creen en Estados de tipo federal donde se asegure el pluralismo de las identidades etnoculturales, y prefieren una gran desconcentración de la gestión y de la recaudación, no una administración central fuerte e injerencista. Los liberales no creen que la monarquía hereditaria tenga sentido en el marco político de una sociedad libre.
Los liberales quieren una democracia profunda y permanente. Profunda porque no se dé un cheque en blanco a los políticos sino un mandato concreto, permanente porque los actuales medios tecnológicos permiten frecuentes consultas a la ciudadanía. Creen que un sistema electoral justo es matemáticamente proporcional a lo votado, sin las manipulaciones actuales vía Ley d’Hondt. Por supuesto quieren listas abiertas, voto por prioridades, escaños vacíos por los votos en blanco, etcétera. Al mismo tiempo, no creen que el Estado deba financiar con los impuestos ni a los partidos políticos ni a los sindicatos ni a las patronales ni a las confesiones religiosas ni a ninguna entidad privada, sino que es la sociedad quien libremente aportará a aquellas entidades que prefiera, siendo fiscalmente desgravables las aportaciones a cualquier entidad no lucrativa.
Los liberales son exigentes en la calidad de la democracia, pero al mismo tiempo advierten que ésta se prostituye cuando se sale de su papel. La democracia es el sistema ideal para la adopción de las decisiones colectivas, y no puede emplearse como excusa para invadir el ámbito de decisión privada de las personas.
Creen que una democracia auténtica requiere una administración de justicia realmente independiente. Se oponen al nombramiento de los órganos judiciales y de la Fiscalía por parte del poder ejecutivo o legislativo.
Los liberales creen firmemente en el mercado. El mercado no es otra cosa que la libre interacción de millones de personas. El mercado se prostituye y crea injusticias cuando los políticos intentan moldearlo a su capricho. El mercado más justo es el mercado más libre. El mercado existe desde la prehistoria, desde las sociedades humanas más simples. El mercado es la relación voluntaria de intercambio entre las personas, que al actuar en interés propio generan un beneficio tangencial para la comunidad.
Creen que el tiempo de cada persona le pertenece y puede administrarlo como desee. Por ello, entre otras cosas, creemos en la plena libertad de horarios comerciales. Si un comprador quiere comprarse una mesa un domingo a las cuatro de la madrugada y la tienda, sea grande o pequeña, quiere abrir, nadie tiene derecho a impedirlo.
Creen en la libre asociación, y por ello estan en contra de la adscripción obligatoria a colegios profesionales, sociedades de autores u otros organismos. El corporativismo merma seriamente la espontaneidad.
Aborrecen las costosas campañas de publicidad, pagadas con los impuestos, por medio de las cuales el Estado dice lo que hay que hacer o sentir. Son los ciudadanos los que tienen que decirle al Estado lo que tiene que hacer, y sobre todo lo que no tiene que hacer.Los liberales no creen en los medios de comunicación de titularidad pública, que suelen ser pozos sin fondo hiperdeficitarios y que sólo sirven a los intereses de comunicación del gobierno de turno.
Los liberales condenan la violencia, el uso de la fuerza para condicionar la acción de otros, ya sea el Estado o un particular quien la ejerza. Creen firmemente en los Derechos Humanos y civiles, y detestan toda forma de tortura o trato degradante, condenando la mayor abominación contra la principal propiedad privada, es decir, la pena de muerte.
Los liberales ses rien del neopatriotismo en cualquiera de sus manifestaciones y estan por la globalización y el mestizaje. Anteponen los Derechos Humanos y civiles al concepto de soberanía estatal, defendiendo el derecho de injerencia humanitaria y democrática.
En definitiva, creen en una sociedad de hombres y mujeres responsables de sí mismos (la responsabilidad es la otra cara de la moneda de la libertad). Una sociedad de seres adultos, soberanos, autogobernados, una sociedad de personas en la plena extensión de la palabra, es decir, una sociedad libre.
domingo, 12 de octubre de 2008
UNA TERCERA VÍA: EL DISTRIBUTISMO
El distributismo, también conocido como distribucionismo, es una tercera vía económica, entre el socialismo y el capitalismo, formulada por pensadores tales como G. K. Chesterton y Hilaire Belloc para aplicar los principios de justicia social articulados por la Iglesia católica, especialmente por el Papa León XIII en su encíclica Rerum Novarum.
De acuerdo con el distributismo, la propiedad privada sobre los medios de producción debería estar distribuída lo más ampliamente posible entre la población, en vez de estar centralizada bajo el control de unos pocos burócratas del gobierno (como en muchas formas de socialismo) o en una minoria que comanda los recursos (como en muchas formas de capitalismo). Un resumen sobre el distributismo se encuentra en una declaración de G. K. Chesterton: "Mucho capitalismo no quiere decir muchos capitalistas, sino muy pocos capitalistas".Esencialmente, el distributismo se distingue por su promoción de la distribución de los bienes. Sostiene que, mientras que el socialismo no permite a las personas la propiedad de bienes de producción (todos están bajo el control del Estado, la comunidad, o de los trabajadores), y mientras que el capitalismo permite sólo a unos pocos la propiedad de estos, al contrario el distributismo trata de asegurar que la mayoría de las personas se convertirán en los propietarios de la propiedad productiva.
Como Hilaire Belloc dijo, el Estado de distribución (es decir, el Estado que ha aplicado el distributismo) contiene "una aglomeración de las familias de diversos niveles de riqueza, pero, con mucho, el mayor número de propietarios de los medios de producción." Esto hace más amplia distribución. No se extenderá a todos los bienes, sino sólo a los bienes productivos, los bienes que producen riqueza, es decir, las cosas que necesita el hombre para sobrevivir (la tierra, las herramientas...).
A menudo se ha descrito como una tercera vía de orden económico entre el socialismo y el capitalismo. Sin embargo, algunos lo han visto más como una aspiración, que ha sido realizada con algún éxito en el corto plazo por el compromiso con los principios de subsidiariedad y la solidaridad del cooperativismo (que se construye en estas cooperativas locales financieramente independientes, uniendo propiedad privada y mercado con trabajo colaborativo e igualdad de decisión).
La meta del distributismo es la propiedad familiar de tierra, talleres, tiendas, transportes, comercios, profesiones, y así más. Propiedad familiar es el medio de producción tan ampliamente distribuido como para ser la marca de la vida económica de la comunidad - este es el deseo de la distribución. En este sistema, la mayoría de la gente podría ganarse una forma de vivir sin tener que depender del uso de la propiedad por otros. El ejemplo de gente ganándose la vida de esta manera serían los agricultores o granjeros que son propietarios de sus propias tierras y las maquinarias para explotarla. La idea es reconocer que semejante propiedad y equipo pueda ser de copropiedad de una comunidad local más grande que una familia, por ejemplo, socios en un negocio.
El distributismo no favorece un sistema político sobre otro, sea este la monarquía o la democracia, ni necesariamente apoya al anarquismo, aunque algunos distributistas, como Dorothy Day, eran anarquistas. El distributismo no apoya un orden político hacia el extremo individualismo o estatismo. El distributismo no se afilia con ningún partido político. En Inglaterra hay algunos partidos políticos que exponen ideas distributistas. El distributismo es conocido por haber tenido una gran influencia sobre el economista E. F. Schumacher, autor del libro "Lo pequeño es hermoso" sobre economía en red.
UN ANÁLISIS MARXISTA DEL DISTRIBUTISMO
(M.Alejandro Garcia Torres)
El materialismo considera que la realidad material, la realidad que vivimos juega un papel moldeando nuestra conciencia. Una persona no será igual si nace en una selva, en una llanura o en una ciudad. Si una persona nace en un pueblo mísero le será mucho más difícil cultivar ciertos valores, no por su culpa sino porque el medio material en el que le toca vivir se lo pone difícil a la hora de acceder a determinadas facilidades.
Las condiciones de vida modifican nuestros valores. El punto de vista materialista explica que la psicología de los individuos compartirá muchos más rasgos comunes cuanto más similares sean sus condiciones de vida. Esto no significa renunciar a la individualidad, de hecho el ser humano es tan complejo que la experiencia de un sólo hombre es irrepetible, por eso no hay dos personas iguales en el mundo. Se me dirá que en una misma clase se pueden encontrar individuos totalmente disímiles en sus valores y psicología, y esto es verdad; pero cuando consideramos a dos personas “diferentes” lo hacemos porque obviamos muchas similitudes que damos por descontadas y no resaltan. Dos personas que vivan en una urbe populosa podrán detestarse cordialmente y ser totalmente incompatibles, pero compartirán muchos rasgos psicológicos marcados por el hábito que no marca a sus respectivos primos que viven en un pueblito rural.
A su vez las condiciones materiales de existencia se ven fuertemente influidas por la forma como el hombre produce sus medios de vida. El hombre necesita producir para vivir, esa es la base de su supervivencia.
Nuestras ideas y valores respecto de lo que es deseable desde el punto de vista político y social están notablemente influidas por esto. Lógicamente una persona que se gana la vida vendiendo armas difícilmente se adscribirá activamente al pacifismo, el dueño de una multinacional difícilmente estará contento con ideas que impliquen desposeerlo de su fortuna. Quien tiene un trabajo quiere a toda costa conservarlo, quien no tiene trabajo quiere conseguirlo, quien factura un millón de dólares al año se angustia si factura medio, etc. La forma de producir medios de vida influirá mucho no sólo en la organización de la vida del individuo sino también en sus ideas, sus valores y su cosmovisión. No significa que no pueda eventualmente contradecirla, o que no haya excepciones; significa que nuestros intereses objetivos constantemente impulsan a nuestro pensamiento a adoptar determinadas posturas y a asumir determinados valores. Ser consciente de este condicionamiento es lo que permite eventualmente superarlo en búsqueda de algo que vaya más allá de nuestro interés personal inmediato.
Para Marx la posesión o no de medios de producción determina un interés objetivo muy fuerte. Los trabajadores se agrupan en sindicatos porque tienen intereses comunes que defender, y lo mismo ocurre con los capitalistas que se agrupan en cámaras empresarias. Pero existe una clase que comúnmente se llama “clase media” (pequeña burguesía para el marxismo) que está en una posición particular.
El pequeño burgués es mencionado muchas veces en forma peyorativa por algunos pensadores marxistas, pero el mejor marxismo analiza las clases sociales con mucha más amplitud de miras. La pequeña burguesía es esa clase social que o bien posee medios de producción en una escala tan reducida que no le permite explotar trabajo asalariado (el individuo sólo se explota a sí mismo) o bien ejerce una profesión, o es un asalariado de cierto nivel que le permite tener un capital de reserva suficiente como para reproducirse ante la pérdida de un salario, sea por medio del interés financiero, sea adquiriendo medios de producción.
La pequeña burguesía está sometida a tensiones contradictorias. Por un lado es explotada o aplastada por el gran capital, por el otro tiene ciertos privilegios respecto del proletariado o los marginales. La psicología del pequeño burgués es consecuente con esto: puede adoptar posturas revolucionarias, hostiles al gran capital; o puede adoptar posturas hostiles a todo cambio social a favor de los trabajadores. Y esto ocurre porque el pequeño burgués suele asumir ambos roles: el del de capitalista que explota un medio de producción y el de trabajador.
Pensemos en un agricultor: posee una parcela de tierra, pero debe trabajarla él mismo ya que no puede producir a escala suficiente como para explotar trabajo asalariado, o si cuenta con trabajo asalariado es de muy pocas personas. Los agricultores poseen un medio de producción, pero esto no los exime de trabajar como condición obligada a la percepción de alguna renta.
Otro ejemplo interesante es el profesional independiente. Esta persona se asemeja a un capitalista dueño de una empresa de trabajo temporal, sólo que tiene un solo empleado: él mismo, que se vende en el mercado como fuerza de trabajo. El profesional es él mismo su propia mercadería y juega el doble rol de capitalista y trabajador.
La ideología del pequeño burgués es mucho menos homogénea que la del proletariado o la burguesía, justamente por este doble rol que juega. Por un lado el pequeño burgués defiende la propiedad privada de los medios de producción, ya que posee uno (o un capital equivalente). Por otro lado comprende perfectamente los problemas de un trabajador, porque trabaja. Así el pequeño burgués puede adoptar posiciones revolucionarias por su hostilidad contra el sistema del gran capital que aplasta a su pequeño emprendimiento, o reaccionarias por miedo a que los intereses del proletariado desposeído expropien el medio de producción que es su único medio de vida y esperanza de ascenso social. Muchas veces adopta una mezcla de ambas de acuerdo a las circunstancias. A veces luchan contra los terratenientes a veces junto a ellos. La confusión ideológica y las declaraciones contradictorias de sus dirigentes son graciosas o trágicas de acuerdo a cómo se las mire, pero muy lógicas.
Una de las características de los sistemas políticos que nacieron al calor de ideas surgidas en la pequeña burguesía es su ahistoricidad o falta de carácter histórico.
Los sistemas políticos no son simplemente formas neutras de organización social. Si fueran sólo eso la política no causaría tantas muertes. Es fácil ver que la política implica enormes intereses, sólo que esos intereses tienden a identificarse con la mera corrupción de los representantes políticos, cuando lo cierto es que en la política se juegan intereses mucho más vastos, esto es: intereses de clase, de los cuales la corrupción de los políticos es apenas un apéndice.
Varios pensadores han ya ideado y propuesto sistemas políticos. Marx englobaba dentro de lo que llamaba “socialismo utópico” a numerosos sistemas sociales ideados por Saint-Simon, Fourier, etc. La crítica fundamental a estos sistemas es precisamente su falta de carácter histórico: estos pensadores simplemente se dedicaron a imaginar un sistema social “ideal” bajo el cual la humanidad podría vivir sin conflictos, creyendo que con esto el problema estaba solucionado.
Marx por el contrario entendió que no es posible encontrar un sistema político sin analizar primero cuáles son las fuerzas sociales – esto es: los intereses – que históricamente han dado lugar a los diferentes sistemas políticos. Piénsese lo que se quiera de Marx, pero es indudable que idear un sistema político justo es algo que no puede hacerse dejando de lado las fuerzas históricas reales que hoy actúan en la sociedad. Ignorarlas es condenar cualquier sistema que se pergeñe a permanecer en el limbo, la “utopía”, que quiere decir precisamente “ningún lugar”.
Es interesante analizar los sistemas propuestos por los socialistas utópicos. El falansterio de Fourier, por ejemplo, propone imágenes que suelen sonar a cuentos de ficción ingenuos y no muy logrados: cientos de hilanderas ejecutando un trabajo perfecto, niños que hacen todos felizmente lo mismo, un armonía ideal, etc. Este carácter irreal y ficticio está dado por la ausencia de conflictos humanos en el análisis, ausencia derivada justamente del carácter ahistórico de la idea.
El distributismo adolece de los mismos problemas. Si bien está formulado de manera algo más precisa y se trata de una idea mucho más moderna, no deja de presentar esa sensación de irrealidad utópica derivada no de un exceso de imaginación sino de la falta de análisis histórico.
Y la falta de análisis histórico no provoca sólo una “sensación” de irrealidad sino que plantea objeciones muy concretas que envían al distributismo al arcón de las ideologías utópicas. Sin embargo el distributismo es muy ilustrativo acerca de los intereses y el origen de clase de sus ideólogos.
El distributismo propone un sistema basado en la propiedad privada, pero ejerciendo una salvedad: propiedad privada sólo en pequeña escala… ¿No es ya muy visible su origen pequeño burgués? El sistema con el que soñaban Chesterton e Hillaire Belloc propone una especie de Arcadia en la que los medios de producción sólo existen a pequeña escala distribuidos en cada hogar. Las ventajas de este sistema aparentemente se dejan ver: la inexistencia de grandes corporaciones capitalistas que distorsionen el mercado, la existencia de un mercado de iguales en el cual nadie tiene un poder desproporcionado sobre otro, y por supuesto: la preservación de la propiedad privada a una escala autónoma.
Lo curioso de esta utopía de origen católico y reaccionario es que se parece mucho al socialismo utópico. Y creo que muy a su pesar. La diferencia entre propiedad colectiva y propiedad privada se ve aquí reducida notablemente por el principio de subsidiariedad, sobre el que volveremos más adelante.
Un pensador en el que se apoyan los ideólogos del distributismo para dar algún peso a este sistema es Ernst Friedrich Schumacher, economista germano-británico que no casualmente tituló unos de sus libros “Lo Pequeño es Hermoso”, aserto notablemente sentimental que abre un estudio acerca de las “tecnologías intermedias” intentando demostrar que la producción masiva y gigante del capitalismo moderno es ruinosa, que las tecnologías deberían circunscribirse a la producción necesaria a pequeña escala y con menor inversión de capital.
Para la gestión de industrias más pesadas Schumacher propone fábricas copropietarias, y otras soluciones que implican en realidad formas de propiedad colectiva. Analizando el distributismo es muy curioso observar lo mucho que se acerca al socialismo real y lo distorsionado de sus críticas al mismo. De hecho el distributismo intenta ser un socialismo que salve el último bastión del capitalismo: la propiedad privada.
Vamos entonces a hacer algunas preguntas al distributismo, preguntas que implican tomárselo con seriedad y considerarlo como una alternativa. Contestar estas preguntas de manera solvente es lo que diferencia a una idea que se propone seriamente constituirse en posibilidad política de una idea cuyo objeto es simplemente plantear una inevitable crítica al sistema capitalista sin proponerse jamás reemplazarlo, como yo creo que es el distributismo.
La primera pregunta es de carácter histórico: ¿cómo llegamos al distributismo a partir de la sociedad actual?
Mencionemos sólo al pasar algunas de las muchas objeciones de tipo técnico y logístico en las que uno podría enzarzarse con Schumacher. Este economista identifica “gran escala” como el problema crucial y el principio de subsidiariedad, esto es: que lo que puede hacerlo una entidad pequeña no lo haga una entidad grande, como la ansiada solución.
En realidad la producción a gran escala no es mala en sí misma. Cualquier experto en producción y logística puede explicar la enorme reducción de costos que implica la producción a escala masiva y el enorme bien que representa para la humanidad. La producción a gran escala permite la standarización de numerosas normas de calidad, piénsese en muchos bienes de producción compleja como computadoras, elementos de biotecnología, productos químico-farmacéuticos, extracción de petróleo y otros recursos naturales etc. que resultan imposibles de producir a pequeña escala con un costo razonable.
El problema no es la producción a gran escala en sí misma, el problema es la propiedad privada de esos medios de producción masiva. Pero claro: para el distributismo hablar de propiedad colectiva de un gran medio de producción es anatema ya que se trataría prácticamente de socialismo. Así que para preservar la arcadia pequeñoburguesa se propone un anacronismo económico como la producción obligada en pequeña escala.
Pero esto es apenas un problema menor, volvamos a la pregunta inicial: ¿cómo se llega a este esquema desde nuestra sociedad? No se ve otra forma que expropiar a los actuales grandes capitalistas. Esto sólo ya representa un obstáculo tal que desde el marxismo puede pronosticarse sin temor a errar que ni el más audaz y fervoroso distributista será capaz siquiera de proponerlo, que la iglesia sería la primera en desaprobar semejante locura, y por supuesto: que sólo los marxistas consecuentes acompañarían sin ningún problema una medida de este tipo.
Existe aún otro problema, suponiendo que este paso pudiera darse. Digamos que hemos convertido a todos los capitalistas a un fervoroso distributismo y que todos están dispuestos sin más a deshacerse de sus grandes medios de producción y a desprenderse de millones de dólares ante la mirada atónita de Ratzinger. Digamos que solucionamos el engorroso y costosísimo problema de desmontar todas las grandes industrias (no me quiero imaginar los costos) y redistribuirlas en multitud de pequeñas formaciones urbanas. Digamos que logramos todo esto, ahora bien: ¿Cómo evitamos la acumulación de capital?
El pequeño burgués adolece de una contradicción fundamental: por muchos conflictos que tenga con el capitalista el pequeño emprendedor siempre quiere convertirse en uno grande, para eso trabaja y a eso dedica todas las horas del día. Nadie como el pequeño burgués sueña con dejar de trabajar y permitir que alguien se ocupe del molesto problema del trabajo para tener más tiempo libre. Y cuidado: esto es una aspiración natural y legítima del ser humano: todos queremos tener más tiempo para nosotros y liberarnos de la embrutecedora necesidad de ganar el pan para dedicarnos a la creatividad y a la belleza. Lo malo es que el capitalismo sólo nos deja la salida de traspasar a otro la obligación de trabajar por mí a cambio de un salario.
Una vez establecidas estas pequeñas propiedades todo el mundo tendrá la legítima aspiración de acumular capital ¿cómo impedirlo y con qué argumentos? Las tendencias subyacentes en una sociedad de este tipo no cambiarían y exigirían resolución: ¿Cuál sería el límite fijado para la acumulación de capital? ¿Quién lo fijaría y con qué criterio? ¿Adónde iría el capital sobrante? ¿Al estado? ¿Qué clase de propiedad privada es aquella a la que no se le puede extraer libremente el máximo de sus posibilidades?
Sin contar con que muchas demandas sociales quedarían insatisfechas ya que estaríamos constreñidos a una sociedad en la cual el avance tecnológico estaría enormemente dificultado debido a la imposibilidad de hacer grandes inversiones de capital. No en vano los ideólogos del distributismo suelen ser personas con cierta fobia al avance técnico, al que identifican con el totalitarismo.
Aún más difícil de responder es la pregunta que vincula el primer paso con el último: ¿con qué argumento filosófico se puede expropiar a un capitalista si al final lo único que se hará será “redistribuir” la propiedad privada? Es muy sencillo ver que esto es un remedo de socialismo ya que exige una expropiación, un choque directo con los intereses capitalistas, pero cualquier capitalista tendría derecho a preguntar “¿Con qué autoridad se me expropia a mí, si al fin y al cabo la forma de propiedad es la misma?”
Pero ningún pequeño burgués está dispuesto realmente a esto por la sencilla razón de que no tiene sentido. Como se ha dicho: el pequeño burgués quiere convertirse en capitalista, quiere mejorar su nivel de vida y dedicarse a tareas más creativas que perseguir el sustento. Esto no es malo en sí mismo, sólo en la medida en que obliga a dejar caer sobre las espaldas de otro la carga que se lleva sobre la propia. La utopía distributista paga su falta de origen histórico con la falta de futuro histórico: como toda utopía se trata de una sociedad que sólo puede ser concebida congelada en una fotografía, no puede hablarse ni de cómo llegar a ella ni de cómo desarrollarla una vez conseguida.
El problema de la escala de producción es un falso problema, una cuestión artificial en la que los ideólogos del distributismo cayeron para salvar la pequeña propiedad privada y para no aceptar la propiedad colectiva.
El problema de los medios de producción no es el de su escala sino el de su control. El control de los grandes medios de producción puede ser plenamente democrático en tanto pertenezcan al estado y el estado esté sujeto a ese control democrático. Los medios de producción no son otra cosa que una herramienta social, su escala debe estar adecuada a los costos y necesidades humanas, no puede ser fijada por principio.
Con frecuencia se acusa al socialismo de otorgar al estado un papel aplastante, pero es una perspectiva falsa. El estado no es un ente independiente de las personas sino un instrumento de poder al servicio de determinados intereses. Identificar cuáles son esos intereses es la clave para entender el funcionamiento de cualquier estado.
El proletariado es aquella parte de la población que no posee otro medio de vida que la venta de su fuerza de trabajo. Esta clase social es el sujeto histórico llamado a tomar el poder y reformular la propiedad de los medios de producción con el objeto de ir progresivamente a una sociedad en la que la técnica permita al ser humano – a todos los seres humanos – liberarse de la persecución angustiante del sustento, una sociedad donde la propiedad colectiva de los medios de producción unida al impresionante avance tecnológico heredado del capitalismo permita el máximo de tiempo libre y el mínimo de trabajo alienado o forzoso.
Adivino que muchos lectores llegarán hasta aquí y dirán que esto es exactamente una utopía, pero está muy lejos de serlo: los recursos del planeta son más que suficientes para dar alimento a toda la población, y el avance tecnológico permite una utilización y reproducción óptima y racional de esos recursos. La razón por la que estamos destruyendo el medio ambiente y despilfarrando recursos de manera oprobiosa mientras masas enteras se mueren de hambre es simplemente la altísima concentración de enormes cantidades de capital cada vez en menos manos, concentración que sigue la dinámica del capitalismo en una degeneración cada vez más acusada.
En una sociedad socialista – explica Leon Trotsky – “el dinero deja de elevar al cielo o hundir en el infierno” para transformarse en lo que nunca debió dejar de ser: un simple medio de contabilidad. Lógicamente en una sociedad socialista nadie está exento de trabajar, pero trabajar no para hacer la acumulación de nadie, ni para acumular – cosa innecesaria en una sociedad en la que la existencia está garantizada en buenas condiciones – sino para desarrollar el propio potencial.
Toda actividad humana crea valor; si imaginamos el mundo como una enorme empresa que crea bienes a partir del trabajo, a medida que el socialismo avanza el ingreso que percibe un trabajador es cada vez menos salario y más dividendos fruto del valor agregado que otorga el trabajo humano en esa gran empresa que es el mundo. Se borrarían progresivamente las fronteras entre vida y trabajo y ciertamente gracias al avance técnico se trabajaría cada vez menos.
En la medida en que desaparecen las clases el estado tendería a dejar de existir, muchas funciones se borrarían y persistirían quizás algunas elementales instancias de administración colectiva, pero el interés de clase es lo único que sostiene la maquinaria del estado. Como decía Marx: con el comunismo empieza la verdadera historia del hombre.
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PERO LA HISTORIA NOS ESTÁ DEMOSTRANDO QUE NI EL COMUNISMO NI EL CAPITALISMO SON LA SOLUCIÓN, POR LO QUE FORZOSAMENTE HABRÁ QUE INVESTIGAR TERCERAS VÍAS.
viernes, 10 de octubre de 2008
LA CRISIS, LA CODICIA, LA DESCONFIANZA, LA INCERTIDUMBRE

La actual crisis financiera es mayor que
El sistema comunista cayó con el muro de Berlín y el rasgo fundamental de la caída fue que se privatizó todo lo que hasta ese momento estaba socializado. El sistema capitalista se tambalea con esta crisis y la reacción general es socializar el capital. Nacionalizar los bancos. Inyectar millones de liquidez en la economía.
La crisis de 1929 quizá fue la primera y desde entonces ha habido varias, la del petróleo en el 77, la asiática del 97 y ahora ésta que se hizo patente en el 2007. Afortunadamente hoy contamos con la experiencia de las crisis anteriores y conocemos los errores que se cometieron, por lo que es posible que hoy se puedan evitar.
Ni esta crisis es igual a la de 1929 ni es igual el mundo actual al de hace un siglo: hoy vivimos en un mundo mucho más rico donde los Estados y las instituciones tienen muchos mas recursos para intervenir. Tampoco existen los rencores sociales que había entonces. Hoy, con la excepción de Rusia, los países importantes se comportan con mucha más prudencia.
La crisis de 1929 concluyó en 1945 con la emergencia de los EE.UU. como gran potencia mundial. Hoy vivimos una crisis inversa, una crisis que anuncia el fin de la preeminencia de los EE.UU. El fin de un imperio que agoniza por las mismas causas que lo han hecho los imperios precedentes: el consumo desmesurado, el endeudamiento excesivo, el gasto corriente, el gasto bélico, el derroche, la avaricia y la codicia. Hoy EE.UU. es como un gigante que se tambalea, y caerá estrepitosamente si no encuentra la forma de administrar la decadencia. Si no pone orden en las finanzas nacionales, si no corrige el fabuloso endeudamiento norteamericano, si no renegocia la gigantesca deuda con sus acreedores. También deberá replantear su política en Europa y Oriente Medio, dónde es necesario establecer un sistema de seguridad desde Siria a Pakistán. Un sistema que EE.UU. ya no puede sostener por si sólo.
Rusia, la que fuera durante medio siglo la segunda potencia mundial, puede considerarse hoy como un país emergente con un comportamiento colonial similar al de los grandes imperios del siglo XIX. Sin embargo Rusia es una falsa gran potencia. Su ejército, su industria, su economía, su demografía, su sanidad, su incapacidad para comprender la realidad actual, son factores que le impiden ir mucho más allá en su comportamiento de imperio colonial. Y esta actitud que genera guerras locales y movimientos terroristas, le acabará costando caro a Moscú.
Habrá que esperar a ver que hacen países como China e India. China hoy es la segunda potencia económica mundial y terminará actuando e interviniendo en esta crisis y en su resultado. Pero por ahora ni China ni India pueden aspirar a sustituir a los EE.UU., mas bien parece que estamos entrando en una larga fase de transición geopolítica mundial. Los EE.UU. son un imperio en decadencia, un coloso a punto de caer por los suelos, pero no tienen un sucesor de su estatura en la escena internacional. Quizá en el futuro se organice un concierto mundial de grandes países, pero lo difícil es que esos grandes países lleguen a entenderse.
En cuanto a Europa, por primera vez en la historia, ya no controla ni puede asegurar ella sola su propia seguridad, es más, su prosperidad está amenazada por su incapacidad de controlar los abastecimientos energéticos. Este es uno de los puntos más vulnerables de
A nivel político el mas grave problema de Europa son los nacionalismos que pueden precipitar nuevas crisis e incluso pueden llegar a destruir la propia UE. El antiguo concepto del derecho de todos los pueblos a la libre determinación crea un gigantesco follón en la escena internacional. Ya que es una fuente de fragmentación permanente y sin límites. El problema de los nacionalismos puede ser un factor de destrucción de
La actual crisis financiera mundial es la consecuencia última de los errores e irresponsabilidad de los Estados, los gobernantes y los bancos centrales, todos ellos imbuidos de una “filantropía” y una “generosidad” irresponsable, máxime cuando todos ellos manejan dinero público o dinero ajeno.
La crisis actual no es consecuencia directa de los fallos del mercado, sino que nos encontramos ante problemas provocados por el propio Estado. En EE.UU tanto el gobierno Clinton como luego el de Bush han desarrollado una política encaminada a promover la construcción de viviendas para personas con salarios bajos. Como estas personas no tienen la capacidad para comprar una vivienda se inventó un mecanismo para que esta gente con bajo poder adquisitivo pudiera soportar la carga de las hipotecas, así es como nacieron Freddie Mac y Fannie Mae. Se trataba de dar hipotecas a tipos de interés bajos y al mismo tiempo asegurar estos créditos a los bancos. Por otro lado
Lo mismo ha sucedido en España con la especulación que se ha desarrollado en la construcción y la vivienda. El error fue dar incentivos equivocados tanto a los que dan créditos (los bancos), como a los que lo toman, (los compradores de vivienda). Al subir los tipos de interés se encarecieron las deudas de millones de personas.
La actual crisis es más parecida a la crisis asiática de 1997 que a
En el resto de países occidentales las economías están resistiendo mejor a las turbulencias financieras. Sigue habiendo producción y crecimiento, no tan de prisa como antes pero se sigue creciendo. Hay comercio internacional en bienes y servicios sin apenes retrocesos. Y aunque sube un poco el paro por razones cíclicas, se mantiene el empleo.
Nadie sabe cual será la magnitud de la crisis ni cuanto tiempo va a durar. Lo que si parece claro es que el futuro tras la crisis puede que ya no sea igual. Vivimos una época de incertidumbre, pero la incertidumbre siempre es fecunda, lo estéril son los dogmas.









